Foto 6: Río Desaguadero (límite con Mendoza) 4. El Olvido
Volviendo de la Provincia de Mendoza llego al Río Desaguadero, pasando por un gran portal que alberga los controles policiales y me despide con el escudo mendocino que muestra una cornucopia con uvas. Durante más de una hora había viajado por tierras semidesérticas, planas, sin un árbol natural, arruinadas por el intento de cultivo de arbolitos de durazno y parrales. El riego con canales no alcanzó, las cosechas habrán sido pobres.
Mucho más modesta se muestra la otra orilla del río: También una policía provincial presente, pero los edificios humildes, también el restaurant que encuentro, aunque a la comida no le falta calidad y la gente es atenta. Sigo mi camino. El río de ninguna manera divide zonas climáticas - tales cambios no son tan abruptos. Sin embargo inmediatamente percibo una diferencia de paisaje: Ya no el viento levantando polvo de tierra expuesta entre restos de plantaciones - veo verde, veo chañares, caldenes, algarrobos y otros árboles resistentes al clima, de hojas chicas y más grises que verdes y con espinas, y eso hasta el horizonte. ¿Pobreza? ¿Falta de esfuerzo? Yo no pienso así. Esa abundancia de verde, de tierra que no sufre erosión, de pastos entre esta vegetación propia donde se mantienen reses que dan carne de novillo de la más sabrosa - a mí me conmueve, me hace sentir el regreso a mi nueva patria chica, San Luis.
Ya 180 años, desde 1820, este San Luis - al comienzo sin su mitad que se extiende hacia el sur - tiene su manera de mostrar su razón de ser. Mirando la historia de todos los 400 años de su existencia, casi sorprende que esta provincia se pudiera fundar como parte integrante de la confederación Argentina. ¿Qué fue lo que le dio tanto rango? La ciudad empezó como un pueblito fortificado en el camino de Buenos Aires a Mendoza y Chile, encerrado entre bosques espinosos - el "monte" - difíciles de penetrar. El tren se abrió paso, llevando a la tala de muchísimos árboles para las vigas, pero las cicatrices en el paisaje se cerraron. Las líneas ferroviarias principales se extendían - y todavía se extienden aunque no en uso - entre este y oeste, dejando a Justo Daract, Villa Mercedes y San Luis Capital como escalas pasajeras. Y aun así la provincia de San Luis tuvo su razón de estar ahí, entre cinco vecinos, dos de ellos aplastantes en su tamaño y su productividad absoluta y también relativa.
En números redondos, Mendoza tiene 1,2 millones de habitantes y 150 mil km2, lo que con la fórmula raíz cuadrada de (habitantes * superficie) le da un peso de 420 mil. Para Córdoba son 2,4 millones de habitantes y 165 mil km2, lo que da un peso de 630 mil. En números del mismo censo, San Luis tiene tan solo 0,2 millones de habitantes y menos de 80 mil km2 y así un peso de 130 mil. Los pesos en relación de
Mendoza : San Luis : Córdoba son
3,3 a 1,0 a 4,9.
Ya escuché hablar del "sandwich" del que San Luis era el relleno.
Hoy esa situación de un San Luis poco importante - por lo menos en producción y peso etnogeográfico - ya empieza a ser historia, pero hasta mucho más allá de las primeras dos presidencias de Perón nuestro San Luis era la provincia olvidada. Los ingleses trajeron los trenes, pero estos cruzaban nomás, ya que aquí poco se hacía. Claro que también había alguna gente que trabajaba duro - en el campo, en la minería -, pero más típico parece haber sido el paisano que trabajaba para ganar el pan y la yerba mate (o el vino) para un día para si y su familia, y no trabajaba si le alcanzaba para más.
San Luis fue un lugar tranquilo pero no inútil. A pocos kilómetros de la capital provincial, en un paisaje llamado Las Chacras, el General San Martín en arduo entrenamiento formó su ejército de granaderos a caballo, y no faltó el apoyo sacrificado de la población. Valía liberarse del gobierno lejano del rey de España. El poeta puntano Esteban Agüero rescata la impresión de aquellos tiempos en su poesía DIGO EL LLAMADO, 3ª estrofa, líneas finales:
...
Y hasta había mujeres que llegaban,
con vestidos de pardas estameñas,
al umbral de Dupuy para decirle:
"Vuestra Merced conoce mi pobreza,
yo no tengo rebaños ni vacadas,
ni un anillo de bodas, ni siquiera
una mula de silla, pero tengo
este muchacho cuya barba empieza."
Foto 2e: En el Monumento del Campamento de las Chacras:
Palabras de Esteban Agüero
De sus méritos del pasado San Luis se acuerda, y la Nación los reconoció en un Acta de Reparación Histórica por los sacrificios en material y sobre todo en hombres que fallecieran como héroes de combate. El beneficio para la provincia actual consiste en alivios para la creación de un Parque Industrial. Estas industrias trajeron una nueva productividad y tuvieron como consecuencia un flujo de población a San Luis. En 1980, mapas de la Argentina en Europa aun mostraban San Luis sin alteración y además subestimada: Ciudad capital de poco más de 50.000 habitantes, casi toda la provincia de clima semidesértico. La información turística no sabía decir de ninguna atracción.
Ya la gente empieza a creer en su provincia, en que es productiva, que es bella, que es culta. Muchos aun creen tener que sobrevaluar personajes y acontecimientos del pasado para darle alguna importancia a su pueblo provincial, y no ven que eso ya no hace falta - aunque tampoco hace daño rescatar lo que está por perderse en las sombras del pasado, por más que parezca poco relevante.
Debemos entender que puros paisajes interesantes no alcanzan para brindarnos una identidad reconocible fuera de la provincia. Tenemos la Gruta de Intihuasi o el Algarrobo Abuelo que vale conocerlos. Pero podrían estar en cualquier otra provincia, si miramos desde algún lugar lejano de la patria. Es diferente con el Puente del Inca que mediante una leyenda está anclado en el alma de los mendocinos.
Un paisaje excepcional es la Sierra de las Quijadas en el seco noroeste de nuestra provincia. Consiste en valles de un material arcilloso y rocoso rojo, parecidos al Cañón Colorado en Arizona, cerca de la frontera de Méjico, no tan extensos, más compactos y justamente por eso de impresión más directa. Y si cuento de más paisajes, quizás en su suma sí se refleja algo que a nuestra provincia también le da un aporte de identidad:
Cuento del viaje de San Luis Capital hacia las alturas, a Carolina, y de ahí bajando a San Francisco del Monte de Oro donde sorprende un valle de palmeras. Cuento de alguna de las muchas misteriosas lagunas del sureste de la provincia, aproximadamente redondas, de aguas algo saladas y sin afluencia de algún río o arroyo; sus aguas vienen del fondo. Y lo que el recién llegado y poco o nada informado tampoco sabe es la gran cantidad de diques con sus embalses que cambiaron muchos paisajes locales formando un archipiélago inverso de lagos. Y la pampa seca, ya no tan seca al este con sus pastorales, sus áreas de girasol o maíz y con reses bien nutridas - también uno la disfruta. Como regalo de la naturaleza encima de todo esto tenemos las inconfundibles Sierras de San Luis y la parte puntana de la Sierra
de Comechingones.
La belleza del paisaje hay que buscarla, pero la hay. Las nuevas industrias producen, esto muestran estadísticas. Falta hablar del valor cultural, provenga del presente o del pasado:
San Luis tiene un héroe, el Coronel Pringles de los Granaderos a Caballo de San Martín, que se arrojó al agua con su caballo para salvar la bandera de la nueva nación de las manos de los realistas[17]. Sobrevivió la hazaña, fue condecorado; años después resultó víctima de la guerra civil entre unitarios y federales, responsable de su muerte fue Facundo Quiroga, caudillo de La Rioja. A este Quiroga - tipo gaucho con poco interés en los ejemplos de civilización que ofrecían los países más importantes de Europa y en parte ya los Estados Unidos (en América del Norte) - lo combatía con palabras fervientes Domingo Faustino Sarmiento en su obra Facundo. Sarmiento no solo fue presidente de la nación Argentina; originario de San Juan, ya a los 15 años fue maestro en una escuelita en San Francisco del Monte de Oro; quiso darle civilización al pueblo argentino, cuando tuvo el poder, fundó un sistema de escuelas públicas y trajo instructores de Estados Unidos; de Australia hizo traer el eucalipto, este árbol que tan bien se inmerge en nuestro paisaje pero que de tan lejos viene. No le gustaron los gauchos que en su opinión nada querían aprender; invitó a inmigrar a trabajadores calificados de los países que los tenían y donde sobraban: Italia, España, algunos ingleses, alemanes, franceses también, y el llamado también llegó a los sirios y libaneses insatisfechos con el dominio del Imperio Osmánico de los turcos. Hay escuelas en San Luis llamadas por el joven poeta, pedagogo y filósofo Juan Cristóstomo Lafinur[18]. Sus poemas ya poco se leen, pero son accesibles, su filosofía y sus métodos pedagógicos poco se conocen, pero localmente ahí tenemos una figura cultural.
¿Qué esperamos de una provincia, que en tiempos históricos tenía muy pocos habitantes, en producción cultural o militar? Tuvimos un general, el General Pedernera.
La Argentina tiene leyendas y cuentos que se cuentan en horas de tranquilidad. Algunas leyendas son profundas, rescatan la forma de pensar de los indios a la vista del hombre blanco y cristiano. En San Luis la Sra. Berta E. Vidal de Battini rescató miles de cuentos y leyendas populares de la Argentina[19]; lo que es de San Luis son recuentos de las generaciones pasadas de inmigrantes españoles y nunca alcanzaron a ser mitos - con quizás algunas pocas excepciones, como el mito de Juana Koslay.
La Provincia estuvo olvidada, pero aporta con el mismo heroísmo como en los tiempos del Libertador General San Martín: En Villa Reynolds, a unos 10 km al este-sureste de Villa Mercedes, hay una base aérea de las Fuerzas Armadas Argentinas que en tiempos pacíficos también se usa como aeropuerto civil. Aviones y soldados de esa base, con el espíritu allá reinante, lucharon en la reconquista y defensa (al final perdida) de las Islas Malvinas (de 1982), y fallecieron 19 soldados de los rangos soldado hasta suboficial principal, 2 de rango alférez, 24 tenientes y primeros tenientes, 7 capitanes, 1 mayor y 2 vicecomodoros[20].