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II
SEMINARIO VIRTUAL EXPRESIONES COMUNICATIVAS DEL DEPORTE |
Ponencia No 3
URUGUAYISMOS EN EL LENGUAJE DEPORTIVO
DANTE STEFFANO
Instituto Universitario Asociación Cristiana de Jóvenes
Cuando acepté el
desafío de Jesús Castañon de escribir un artículo sobre el lenguaje deportivo
estaba consciente en que aceptaba un gran reto. Es trabajoso ya que es difícil
reflexionar sobre lo cotidiano porque estamos “contaminados”, somos una parte
de esa realidad. Pero ese desafío hizo prestara más atención en el lenguaje que
utilizan los uruguayos, que en muchos casos son algo así como una marca registrada, un elemento de la
cultura en el que todos de alguna manera hemos contribuido en su elaboración y
reelaboración. ¿Por qué es importante
considerar el lenguaje? Creemos que un estudio, por sencillo que sea, permite
indagar y conocer. Por un lado pone a consideración los modos en que la
variedad de la realidad social se construye, siempre dentro de un espacio
físico y temporal, ya que determina, condiciona e influye en todos los niveles
del sistema lingüístico. Y por otro permite incursionar en la forma que influye
y condiciona muchos aspectos de la realidad social. Y la tarea de conocernos
nunca termina.
Por eso creemos
que la esencia de lo "uruguayo" no puede revelarse de manera súbita,
como un fogonazo en la noche. Esos rasgos nacionales tienen un campo fértil en
el mundo deportivo para desplegarse ya que el hecho de que la posesión de un
lenguaje propio es uno de los atributos humanos más distintivos, común a todas
las culturas. Y los uruguayos han creado el suyo propio.
Pero principio
tienen las cosas. ¿Qué es el Uruguay? ¿Qué representa para los uruguayos? La
sociedad uruguaya tradicionalmente ha sido y es una sociedad con necesidad y
apetencia de espejos. “Un colectivo que necesita "mirarse al espejo"
o los espejos- es, en principio, un colectivo cuya autoidentificación es vivida
como un problema. Refiere también a un
"nosotros" que necesita de modo reiterado esclarecer, comprender,
articular su realidad múltiple o difusa desde un punto de vista ambivalente, a
medias propio y externo”[1]. Siguiendo la metáfora, si toda sociedad
también es lo que cree ser, en el caso uruguayo el peso de la
autorepresentación en los procesos de constitución de la identidad colectiva parece haber sido especialmente
decisivo. Para los uruguayos, en suma, por múltiples razones que hacen a su
proceso histórico -la debilidad
relativa de las bases materiales de su configuración estatal, su ubicación
geográfica como país pequeño entre "dos gigantes", el peso de sus
modelos de asociación política en la elaboración de sus relatos y sus
referentes colectivos, la escasa densidad de sus impulsos endógenos de su
sociedad civil, etcétera-, el problema central de su autoidentificación
nacional no ha pasado tanto por el SER sino por el IMAGINARSE." [2]
El primer
Presidente constitucional de la República, Gral. Fructuoso Rivera, expresó: “el Estado oriental existe: pero su
cuna es como la de Hércules: dos serpientes la rodean”. [3] Argentina y Brasil, son dos poderosos
motores de la realidad latinoamericana en todas las dimensiones desde el inicio
mismo de la emancipación americana. Si
bien desde el origen como nación, y gran parte de los temas de su vida
“cotidiana” están vinculados a la de sus poderosos vecinos, el Uruguay ha creado
o si se quiere ha reservado espacios para que esa influencia sea sensiblemente
menor. ¿Y cuál es ese espacio? En términos generales el deporte pero más
específicamente en el fútbol. En ese espacio de confrontación, reducto
exclusivo, hasta hace poco tiempo, de los hombres, han surgido una serie de
expresiones que le son propios y que han contribuido a conformar la identidad
del Uruguay.
¿cómo podemos definir un “uruguayismo”?
Según la Real
Academia Española es una "locución, giro o forma de hablar propio y
particular de los uruguayos". [4] Pero debemos realizar dos puntualizaciones.
En primer lugar debemos establecer que en nuestra opinión son construcciones
culturales, fruto en muchos casos de un proceso de sedimentación o de
acumulación de experiencias o si se quiere vivencias. Y que en segundo lugar
que su ámbito de aplicación es la comunidad de uruguayos o colectivos donde
ellos participan. En definitiva, se ha
transformado en una marca de identidad lingüística propia.
Hay un lenguaje
que refiere a lo nacional dentro del espacio del fútbol que se manifiesta en
muchas formas lingüísticas. He aquí
algunos ejemplos de construcciones propias de los uruguayos:
En palabras
"la celeste":
Concepto que va más allá del mundo del deporte. Aún cuando refiere a la
participación de un equipo nacional en un evento, match o cualquier encuentro
deportivo, es uno de los elementos aglutinadores de la nacionalidad
“uruguaya”. Su sola invocación es capaz
de convocar, unir o aglutinar personas
o grupos diferentes en torno a una causa común. El sentimiento que genera es
similar al de la “unión nacional o unión patriótica” .
“Viveza criolla”: lamentablemente viva aún, fue, sin duda, el peor de los
mitos nacionales. Dibujaba a la sociedad oriental como integrada por seres
superiores, más “vivos” que el resto de los mortales y, por consiguiente,
habilitados como para burlarse y servirse de los otros. Esta frase, en su forma
negativa, premiaba y alababa la deshonestidad, el escarnio del débil o del
indiferente, sacar ventaja indebida de una circunstancia oportuna, el culto al
menor esfuerzo. Un típico ejemplo es “dejemos que los demás estudien, trabajen
y hagan lo posible por mejorarse; después vamos los uruguayos y con la “viveza
criolla”, más un poco de “garra charrúa”, les ganamos, “como en Maracaná”.[5]
En frases, que en muchos casos se han
convertido en mitos:
"a la uruguaya":
Cuando algún proyecto o acción se realizó sorteando dificultades o sin
recursos, por lo general de índole económico. Esto fue subsanado por la
imaginación, la tradicional "garra" o el espíritu que le ponen los
uruguayos a sus acciones.
"La pelota contra el piso": frase que denota una idea de
prudencia, necesidad de calma, mesura, tranquilidad, para darle un lugar a la
reflexión.
En lo deportivo
... “a Uruguay lo respetan”: Considerando
las performances deportivas de los últimos veinte años se lo puede definir en
términos humorísticos que “hoy más que nunca expresa una “esquizofrenia
periodística” [6].
"tapalo con diario": Cuando se comete una falta durante el
encuentro significa que es “un grito solidario del hincha ... con el agresor”[7].
"garra charrúa”: frase vernácula de la “furia española” y otras
similares, que supone era el atributo, vinculado a la capacidad testicular, que
hacía que los uruguayos se crecieran en los momentos difíciles. Un periodista
muy crítico expresó que “con el tiempo
se transformó en el derecho moral a emplear la violencia y matar a los
adversarios a patadas, al contrario de lo sucedido en Maracaná” [8] donde afirma se ganó jugando simplemente al
fútbol.
donde se sostiene se ganó jugando simplemente
"al fútbol".
"vamo´arriba
la celeste": ante una adversidad o frente a una instancia difícil surgen
estas palabras siempre expresadas como un “grito de guerra” que marca la
diferencia entre el “nosotros” y los “demás”
“Los de afuera
son de palo”
Máxima adjudicada a Obdulio Varela, capitán de la selección en el Mundial de
1950, expresando que título se disputaba contra un equipo compuesto por once
jugadores igual que el uruguayo. Que el entorno no importa, el partido hay que
jugarlo contra la oncena contraria, no con el entorno o el público (200.000
personas) que había colmado las instalaciones de Maracaná el día de la
final. Marca la impermeabilidad de la
incidencia del entorno.
A diferencia de
otros países, fundamentalmente los argentinos que expresan frases tales como:
“Dios es argentino” o “Argentina es potencia” o hablan de Argentina como “la
nación argentina”, los uruguayos han generado un lenguaje que responde a otra
idea. La construcción simbólica del
Uruguay como un "paisito", la eterna presencia de
la imagen del duelo o pelea entre David y Goliat cada vez que debe enfrentarse
en el escenario deportivo con otra selección nacional, pero que alcanza siempre
dimensiones de epopeya cuando nos enfrentamos a nuestros vecinos. En aparencia
representa la idea de la rebelión del débil frente al más fuerte, esto es a
mayor adversidad mayor es nuestra fuerza o convicción moral. Y hasta hace poco
tiempo también se expresaba esa diferencia en la frase “como el Uruguay no hay”
que sintetizaba las cualidades singulares de nuestra sociedad.
En
canciones:
"Vayan
pelando las chauchas /aunque les cueste trabajo/
donde juega la
celeste /todo el mundo boca abajo".
Verso que expresa
la necesidad de una reverencia o gesto de respeto por la historia “celeste” y
se constituyó a partir de Maracaná en casi un himno nacional. Otra
representación de que los uruguayos tenemos cualidad natural.
Y hasta en
números:
“1950”: Número que expresa la hazaña jamás realizada por
selección alguna hasta la fecha: ganarle al anfitrión la final del Campeonato
del Mundo. Una anécdota que representa su significado. En las eliminatorias que
se están disputando para el Mundial 2002 de Corea-Japón, en ocasión del partido
entre Uruguay y Brasil en Montevideo, un grupo de jóvenes desplegó una enorme
bandera celeste con la única inscripción “1950”. El resultado fue Uruguay 1 –
Brasil 0. Los comentarios posteriores al encuentro que hicieron varios periodistas mencionando ese hecho, llegaron a
expresar que la selección brasileña “sintió miedo y una gran responsabilidad”
por lo que les estaban recordando los uruguayos. El objetivo de esos jóvenes
era apuntar a su fragilidad espiritual. No hace falta aclarar que ese triunfo
mundial fue hace más de 50 años. Y nunca se sabrá su Uruguay ganó ese día
porque jugó mejor que Brasil o si los brasileños estaban asustados porque les
recordaron esa fecha. Si será
importante que ese número, el 1950, lo adoptó la Intendencia Municipal de
Montevideo como único número para su central telefónica.
Hay cierta
coincidencia en señalar que el Campeonato Mundial de Fútbol como fenómeno
colectivo que moviliza la opinión pública y las reacciones masivas, posee un
contenido manifiesto y otro latente, susceptible de ser interpretado. Pero para
el caso uruguayo debemos considerar también Copa América. Se considera al año
1916 como una circunstancia doblemente histórica pues se disputó el primer
torneo Sudamericano de la historia, 44
años antes de que se llevara a cabo la primera Copa de Europa de Selecciones, y
se fundó la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF). Ese hecho significó
mucho para estos países de Sudamérica, ya que en ese entonces la Federación Internacional
de Fútbol Asociado (FIFA), órgano rector del fútbol mundial, solo tenía 23
naciones afiliadas, de las cuales 19 eran europeas, 2 de Sudamérica y 2 de
Norteamérica.[9]
Por eso
intervenir en un Campeonato Mundial significaba para países como Argentina,
Brasil y Uruguay, marcados por un claro retraso en su desarrollo, competir con
otras culturas, salir de la infancia. “Ganar significaba integrar el bloque de
los países desarrollados, adquirir poder y prestigio a través de un liderazgo”.
[10]
El sentimiento de pertenencia a un país se construyó a partir de la presencia
de la selección nacional y de los “clubs” en diversos enfrentamientos
deportivos. Los tiempos deportivos, que para el caso uruguayo fueron
acompañados de logros y avances en lo político y social, consolidaron la imagen
total de país, cristalizando el sentido de pertenencia de los uruguayos.
A diferencia de lo ocurrido en otros países,
las razones por las que el deporte llegó a constituir un interés tan vivo para
los uruguayos es sin duda la conjunción de varios factores, que en algunos
casos se convirtieron asimismo en catalizadores.
Hacia las tres
primeras décadas del siglo XX, y en especial en los años del
"Centenario", surge un nuevo escenario donde los
"orientales" podrían esforzarse por demostrar que eran iguales,
cuando no mejores, que otras naciones. Ese escenario es la competencia
deportiva. Y tampoco es casual que en los años de la celebración del
"Centenario", es cuando se consolida la emergencia del Uruguay
moderno en su configuración más conocida.
Es interesante
considerar la afirmación del Prof. Gerardo Caetano: "Uruguay nació antes
que los uruguayos, el Estado precedió a la nación".[11] Esta afirmación se basa en el supuesto
teórico de que las identidades nacionales, y los imaginarios colectivos que las
sustentan, surgen a posteriori y
bastante más tardíamente que los estados. Y lo que expresa es que la identidad
nacional de los uruguayos no está definida desde los tiempos de la colonia, o
que durante la Revolución o los primeros años de la vida independiente se haya
consolidado una imagen "de lo nacional" en una forma más o menos
coherente o similar a lo que hoy conocemos. "No había entonces nación,
pero tampoco imaginarios nacionalistas sólidos, y mucho menos uno que prevaleciera
de manera visible. Primaba la indefinición de fronteras en múltiples
dimensiones: jurídicas, políticas, económicas, culturales" [12]
Comparto la idea
de que los pueblos jóvenes, que no tuvieron “Edad Media” crean su propia
mitología a partir de valores contemporáneos. Gran parte del imaginario
colectivo de Uruguay, Argentina y Brasil se conformó en tornó al fútbol, con
los mismos componentes legendarios de los viejos romances medievales. Por ello
no es casual que el primer imaginario nacionalista uruguayo se haya consolidado
en las primeras décadas del siglo XX, teniendo su apogeo en la década del
Centenario (1930). Hubo elementos que fueron fundamentales o si se quiere
definidores de la "dimensión de nación" ya que se generaron espacios
de autonomía en relación al dominio británico (y al norteamericano emergente) y
procesos de integración de la población en una identidad que carecía de valores
tradicionales a los cuales apelar. Asimismo se desarrollaron políticas de
integración a través de acciones que comprendían la facilitación de la
nacionalización de los inmigrantes, la integración cultural a través de una decidida política de escolarización
primaria y de la creación de una enseñanza secundaria presente en todo el
territorio; y la incorporación de la población al proceso político con la
universalización del voto, la frecuencia de elecciones y la organización de
partidos modernos con acción movilizadora. "Se creaban así condiciones
para establecer una identificación de la nación con la comunidad política, que
se expresaba en un Estado representativo de la democratización de la sociedad
civil".[13]
Pero es en los
primeros años del siglo XX donde surge un nuevo escenario, donde los uruguayos
como otras naciones pueden medir o confrontar las bondades de su sistema
político, cultural o económico. Ese nuevo escenario es el deporte, y para países como Argentina, Brasil y Uruguay,
fundamentalmente se hace a través del
fútbol. Los habitantes de estos países, en mayor o menor medida, formaban parte de una cultura demasiada dispuesta a
ver en el deporte, y especialmente en el fútbol, la forma importante del modelo
de país. Sin quererlo, tal vez, han propiciado que el fútbol como espectáculo
sea una cuestión nacional. Un espacio delimitado, un importante número de
espectadores en las tribunas (generalmente si jugaba la selección
nacional) viendo jugar o “luchar” a sus
hombres vestidos con los colores nacionales, la carga emocional que todo esto
genera y los grados de adhesión a la causa, los encuentros internacionales
proporcionan "una forma peculiarmente intensa de representación dramática
nacional (o teatro deportivo)"[14].
La obtención de la medalla de oro en los en
los Juegos Olímpicos de Colombes (1924) y de Amsterdam (1928) [15],
los Campeonatos Mundiales logrados en 1930 (disputado en Uruguay) y en 1950 (en
Brasil) más los catorce títulos
Campeonatos Sudamericanos o Copa América de Selecciones, contribuyen a que los
uruguayos tengan una predisposición a considerarse como una sociedad ideal o al
menos “elegida” o al menos diferente. Como sostiene Scheuch " el deporte
como signo de calidad de un pueblo se da principalmente en países donde el
régimen adolece de alguna especie de complejo de inferioridad". [16]
Los triunfos deportivos uruguayos así como los niveles de desarrollo político,
económico y cultural que alcanzó llevaron a la construcción de toda una serie "verdades" sobre el
Uruguay. Por eso a la hazaña deportiva de Maracaná y otras tantas se les cambió
artificiosamente el carácter, generando
consecuencias no previsibles. “El
narcisismo nacionalista y el conformismo están en la base de los grandes
fracasos y frustraciones colectivas del Uruguay del último medio siglo”. [17]
Como conclusión:
Ese modo de ser o
de cómo construyen su identidad a través del lenguaje en este caso los
uruguayos, es una expresión de la realidad social. Esta da a conocer como son
los procesos de comunicación y relación con otros actores, como construimos los
símbolos y las representaciones colectivas que vinculan esas formas simbólicas
con los hombres, como construimos la categorización de las definiciones
cognocitivas, afectivas y valorativas relacionadas con acontecimientos,
personas, colectividades que el lenguaje opera. Pero en una forma simultánea,
si se quiere reforzado por el lenguaje escrito, posibilita la extensión casi ilimitada de la memoria social. Hay
un claro proceso de identificaciones que históricamente fueron apropiadas que
le confieren sentido a un grupo social y le dan una estructura significativa
para sumirse como unidad.
FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO:
STEFFANO, DANTE (2001) "URUGUAYISMOS EN EL LENGUAJE DEPORTIVO", en SEMINARIO VIRTUAL "EXPRESIONES COMUNICATIVAS DEL DEPORTE" CEO José B. Zubiaur - Villa Mercedes (San Luis) Argentina.
Dirección electrónica:
[1] Caetano, Gerardo, "Identidad uruguaya ¿mito, crisis o afirmación?", pag. 78
[2] Caetano, Gerardo, ob.cit., pag. 79
[3] Citado por Marta Canessa de Sanguinetti en "Rivera, un oriental liso y llano", pag. 52
[4] Diccionario de la Real Academia Española, Vigésima Primera Edición, 1992, pag. 2051
[5] Maiztegui Casas, Lincoln, "Medio siglo de mistificación" en Suplemento Fin de Semana, diario El Observador, pag.7
[6] Vidal, Enrique, Revista Berp del Diario La República, 2001, pag.21
[7] Vidal, Enriuque, ob.cit, pag.21
[8] Maiztegui Casas, Lincoln, ob.cit., pag. 7
[9] Da Silveira, Jorge en "Copa América un Siglo de Pasión", BSE, Almanaque 2000, pag. 115
[10] Pichon Riviere, Enrique, "Psicología de la vida cotidiana", pag. 69
[11] Caetano, Gerardo, ob.cit.,pag.81
[12] Caetano, Gerardo, ob.cit.pag. 82
[13] Sociólogo Germán Rama citado por G. Caetano en ob.cit. pag. 85
[14] Caldwell, Geoffrey, "Deporte internacional e identidad nacional" Revista Internacional de Ciencias Sociales, pag. 201
[15] Algunos periodistas afirman que según documentos, cartas y publicaciones de la época, los Juegos Olímpicos eran considerados los Campeonatos Mundiales antes del realizado en Uruguay en 1930.
[16] Citado por Caldwell, G. En "deporte internacioal e identidad nacional",pag. 202
[17] Maiztegui Casas, Lincoln,ob.cit. pag. 6