Foto 22: Hijo de hacheros,
Las Aguadas (Departamento San Martín)
12. El Gaucho como Símbolo
Si somos gente de ciudad o proveniente del exterior y no hemos profundizado nuestro conocimiento al respecto, pensamos en el gaucho como una figura histórica argentina, un hombre a caballo, con aquella vestimenta típica reproducida en múltiples imágenes. Sabía tocar la guitarra, a veces cantar y hablar en versos, era bravo con el cuchillo o la lanza, tenía su "chinita", su mujer y familia, en un rancho lejos en pleno campo. De raza típicamente era mestizo - medio indio y medio blanco - y bautizado como cristiano. Habrá sido miembro de las tropas que defendían la frontera española y más tarde argentina contra los indios, sin nunca ser soldado regular. Anda con su caballo por ahí y por allá, se alimenta de lo que le ofrece la naturaleza, si hace falta. Pero: żEra eso todo lo que hacía?
El verdadero gaucho aún existe hoy. La época en que originó su fama fueron los tiempos de los caballos salvajes, del ganado suelto, porque aún no estaban las estancias encercadas. El gaucho cuidaba el ganado para un patrón y protegía los campos con cereales, pero era libre de cambiar de lugar. Tuvo y tiene fama de ser honesto y generoso - de ahí la palabra "gauchada".
Con la modernización de la vida cotidiana también en el campo, con la formación de estancias organizadas con cercos y límites protegidos y ganado marcado, el gaucho se transformó en peón si quedó en una estancia, o en hachero, o carbonero o minero. Siempre le tocó una parte dura de la vida.
Cuando se había formado la Argentina en forma de las Provincias Unidas del Sur[27] - entonces Buenos Aires (con muy poca extensión hacia el sur), Santa Fe, Cuyo (San Luis, Mendoza, San Juan), Córdoba (Córdoba, La Rioja), Tucumán (Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca), Salta (Salta, Jujuy, Nueva Orán, Tarija), Corrientes (con Candelaria y sur de Misiones), Banda Oriental del Uruguay y Entre Ríos, considerando como territorios nacionales al Gran Chaco, Las Pampas y la Patagonia incluyendo los fiordos y archipiélagos ahora chilenos, pero sin el Paraguay que se había independizado por cuenta propia - las regiones del interior quedaron encerradas entre Chile y Bolivia de un lado y el puerto de Buenos Aires del otro. Empezó la pérdida de importancia de las provincias del interior, y se intentaron dos caminos para conseguir un equilibrio entre ellas y Buenos Aires: El camino de los federales y el de los unitarios. La idea unitaria es una nación centralizada cuya capital reparte el bienestar de manera justa entre las partes que componen el país. En cambio, los federales creían en la fuerza propia de las provincias, hasta el punto de aspirar libertades sin base económica real. El gaucho, conservativo y amante de la libertad y siempre algo alejado a la vida moderna con su educación escolar, sus cálculos, sus contratos escritos, solía ser federal.
Cambiaron los tiempos, los indios del Chaco y de la Patagonia fueron vencidos, no todos exterminados, pero quitándoseles su cultura y sus creencias en lo posible. Las ciudades, las industrias dirigen la vida, pero el campo sigue contribuyendo con la única riqueza que posee y que hizo crecer la nación y el pueblo: El trabajo que saca los productos de la tierra.
Hay leyendas, hay poemas y hay canciones y una música inconfundible que relatan del indio y del gaucho. Hay gente que trabaja en las inmensidades de nuestra tierra, en el campo, y entre ellos pasa el espíritu del gaucho, a caballo, o a veces también asoma la sabiduría de un indio de los tiempos pasados.
José Hernández con su epopeya del MARTÍN FIERRO creó la figura que es el ideal del carácter argentino, basándose en observaciones de la vida real de su tiempo. No le gustaban los indios, los "salvajes no bautizados", crueles con los cristianos y de una manera animal de sobrivir frio y hambre y sed, pero de eso habla más en otras obras, y en el Martín Fierro también los curas de la Iglesia reciben su parte de crítica.
El espíritu del gaucho entre nosotros está tan vivo, que los desfiles de las fiestas patrias y las fiestas folklóricas muestran gente a caballo en sus vestimentas tradicionales sin depender de la curiosidad de turistas que pagasen. Ellos son del campo y saben domar caballos o arriar vacas, o son de la ciudad pero se entusiasman por las danzas folklóricas o nuestra música.
A pesar de una vida dura que requiere de brazos fuertes y una salud que resiste a sol y viento, los descendientes del gaucho de nuestros días son importantes portadores de nuestra cultura que mantiene unido al pueblo de la nación. Doy el ejemplo de un niño del norte de la provincia de San Luis que a la edad de nueve años recitó sin recurrir al texto escrito u otras ayudas el poema de los hacheros, en presencia de televisión y Gobernador, sin confundirse:
El Hachero
Aquí en el norte puntano
Existe un pueblo escondido
Entre talas y espinillo,
Algarrobos y chañares,
Propios de muchos lugares
De la provincia de San Luis.
Las Aguadas estoy nombrando,
Semillero de hombres fuertes
Que tan solo ante la muerte
Suelen rendir su coraje.
Su estilo es el obraje
Donde van a probar suerte.
En esta región nacieron
Hombres hechos al rigor
Que mojaron con sudor
Su ropa frágil y deshecha
En desmontes y cosecha
Y en busca de algo mejor.
He los Chávez, Sánchez y Pereira,
Los Arce, Vélez y Torres,
Jamás sus nombres se borren
Como los fuertes hacheros
Que marcaron el sendero
Para otras generaciones.
Fue convicción de estos hombres
Trabajar por temporada,
Costumbre bien adriestrada
En la gente de este oficio,
Porque es duro el sacrificio
De los trabajos de hachada.
Dejaron su familia y su rancho
En procura del sustento,
Castigados por el viento,
La soledad y el obraje,
Fue peligro de un salvage
Que lo acecha la espesura.
Por Fortuna y La Unión,
Buena Esperanza o Bagual
Dejaron asentada igual
La fama del buen hachero
Con sus brazos de acero
Y su mano crespa de callos
Al sur de nuestra provincia
Limitando con La Pampa.
Hoy memorizo la estampa
Del guapo hachero Ogodino
Que recuerdan con cariño
Los encargados de estancia.
En honor a los hacheros
Se realiza el festival
Aquí en su pago natal
Para estos hombres de acero
Que el sol ardiente de enero
Jamás los pudo achicar.
Yo no me siento cantor,
Poeta ni payador,
Pero hoy he venido aquí
A gritarle al mundo entero
Que aquí viven los hacheros
De la provincia de San Luis.
Autor: Alberto Martínez